ὀστράκινος
[ostrákinos]
Adjetivo
de ὄστρακον [óstrakon], que originalmente se refería a una concha (como la de una “ostra”), y por extensión a cualquier material duro y quebradizo como “barro cocido”; “teja”, “concha”, “tiesto”, “fragmento de cerámica” (en griego clásico dio origen a “ostracismo”: votar con un fragmento de cerámica para el destierro político de algunos ciudadanos).
El sufijo -ινος [inos] forma adjetivos que indican a) material: “hecho de barro cocido”, “de cerámica”; b) naturaleza de algo: "frágil", “quebradizo”; “de poco valor”; “frágil como un tiesto”. Al ser de barro, implica por definición fragilidad y falta de valor intrínseco.
En el mundo antiguo, una vasija de barro era útil pero reemplazable, a diferencia de una de oro o plata. Usado como metáfora del frágil cuerpo humano de los creyentes, que no obstante sirve como el templo del Espíritu Santo.
El énfasis de Pablo no es solo la fragilidad del cuerpo, sino el contraste entre la "riqueza" del contenido (el Evangelio/Espíritu) y la "pobreza" del contenedor (ὀστράκινος [ostrákinos]) para que la gloria sea de Dios y no del hombre.
El barro es el medio perfecto para que el poder divino resalte por su propia fuerza, no por la resistencia del envase.
“de barro”
2 veces:
(1) 2 Corintios 4:7
Pero tenemos este
tesoro en
vasos DE BARRO, para que la excelencia del
poder sea de Dios, y no de nosotros,
ὀστρακίνοις [ostrakínois], dat. pl. neutro.
(2) 2 Timoteo 2:20
Pero en una casa
grande, no
solamente hay utensilios de oro y de plata,
sino también de madera y DE BARRO; y unos son para usos
honrosos, y otros para usos viles.
ὀστράκινα [ostrákina], nom. pl. neutro.